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Ser la marca líder de hamacas de San Jacinto en Colombia y el mundo, reconocida por la calidad artesanal, el tejido tradicional hecho a mano y el legado cultural de los Montes de María. Queremos que cada hamaca lleve la esencia del Caribe colombiano a hogares, hoteles y espacios turísticos, siendo símbolo de descanso, confort y autenticidad. Nuestra visión es fortalecer el oficio artesanal, apoyar a las mujeres tejedoras y llevar las artesanías colombianas a nuevos mercados, manteniendo siempre la tradición, la belleza y la identidad que nos hacen único
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https://www.youtube.com/watch?v=3ubNufO9gII
Nuestra misión es preservar, dignificar y proyectar al mundo el arte ancestral de las hamacas de San Jacinto, una tradición que nació en el corazón de los Montes de María y que hoy sigue viva gracias al trabajo silencioso, paciente y magistral de nuestras artesanas. Cada hamaca que elaboramos encierra siglos de historia, saberes heredados, colores que narran la vida del Caribe y la esencia misma de un pueblo que encontró en el tejido una manera de resistir, de sanar y de celebrar.
En Hamacas San Jacinto trabajamos para que esta herencia cultural, reconocida como una de las más finas expresiones artesanales de Colombia, no se pierda en el tiempo, sino que se fortalezca, crezca y llegue a nuevos horizontes sin perder su alma. Por ello, nos comprometemos a:
Nuestra misión, en esencia, es tejer puentes entre el pasado y el futuro, entre la artesana y el cliente, entre la tradición y el diseño, para que cada hamaca que sale de nuestras manos conserve la magia de San Jacinto y siga llenando de color, comodidad y orgullo las vidas de quienes la reciben.
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En Hamacas San Jacinto, nuestros valores son el fundamento que guía cada decisión, cada tejido y cada relación con nuestras artesanas y clientes. Representan no solo nuestra forma de trabajar, sino la esencia misma de una tradición que ha resistido generaciones.
Honramos el legado cultural de San Jacinto preservando las técnicas ancestrales del tejido en cuatro palos. Cada hamaca es un homenaje a la memoria colectiva de un pueblo y a la herencia transmitida de abuelas a madres e hijas.
Reconocemos a nuestras tejedoras como depositarias del conocimiento y protagonistas de nuestra historia. Promovemos condiciones justas, dignas y sostenibles para su trabajo, apoyando su crecimiento económico, familiar y comunitario.
Cada pieza que elaboramos busca alcanzar el máximo nivel de calidad. Cuidamos cada nudo, cada color y cada detalle para que la hamaca final sea una obra de arte única, resistente y estéticamente impecable.
Defendemos la originalidad del tejido sanjacintero. No imitamos, no industrializamos: cada hamaca está hecha 100% a mano, con dedicación, paciencia y el toque único de la artesana que la creó.
Comprometidos con el medio ambiente, promovemos materiales nobles, procesos responsables y un consumo consciente. Creemos en la armonía entre tradición, comunidad y naturaleza.
Actuamos con integridad en cada paso del proceso: desde la compra de materiales hasta la entrega final. Construimos relaciones basadas en la confianza, la claridad y el respeto.
Impulsamos el liderazgo, la independencia económica y la valoración social de las mujeres artesanas, reconociéndolas como el corazón que da vida a nuestras hamacas.
Buscamos generar impacto positivo en San Jacinto y su región, fortaleciendo el tejido social y contribuyendo al bienestar de las familias que mantienen viva esta tradición.
Exploramos nuevas combinaciones de colores, diseños y presentaciones sin perder la esencia cultural que caracteriza nuestras hamacas. Innovamos respetando la raíz.
Cada hamaca es entregada con orgullo, cariño y sentido de propósito. Nos mueve el deseo de que más personas, en Colombia y el mundo, conozcan y disfruten el arte auténtico de San Jacinto.
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Las tierras de San Jacinto, en la Serranía del Caribe colombiano, fueron hogar del reino Finzenú, uno de los tres grandes territorios del antiguo pueblo Zenú.
Las mujeres zenúes destacaban por su habilidad para trabajar el algodón: lo cultivaban, hilaban, teñían y transformaban en tejidos finos, entre ellos las hamacas, que circulaban como
Las tierras de San Jacinto, en la Serranía del Caribe colombiano, fueron hogar del reino Finzenú, uno de los tres grandes territorios del antiguo pueblo Zenú.
Las mujeres zenúes destacaban por su habilidad para trabajar el algodón: lo cultivaban, hilaban, teñían y transformaban en tejidos finos, entre ellos las hamacas, que circulaban como productos de intercambio con otros pueblos.
Incluso se sabe que, en tiempos prehispánicos, en el templo de Finzenú existía una hamaca de algodón de gran elaboración, utilizada como lugar sagrado para recibir ofrendas de oro y como símbolo de descanso espiritual de los ancestros.
Esa herencia artesanal se mantuvo viva y fue retomada por las familias de San Jacinto, que continuaron tejiendo como una manera de honrar a sus raíces zenúes.
🌄 TERRITORIO Y DIVERSIDAD CULTURAL
San Jacinto se desarrolló en la Serranía de los Montes de María, un territorio donde se mezclan tradiciones indígenas zenúes con influencias africanas, según relatos históricos y memorias comunitarias.
Aunque su fundación oficial data de 1776, el pueblo conservó a lo largo de los siglos un fuerte carácter artesanal, especialmente ligado al tejido de hamacas y a su expresión musical a través de la gaita y la percusión.
SIGNIFICADOS CULTURALES
Dentro de la tradición zenú que aún se evoca en San Jacinto, la hamaca tenía un papel que iba mucho más allá del descanso.
Según una leyenda recopilada por Artesanías de Colombia, la hamaca se usaba en los rituales funerarios y también era el símbolo de compromiso matrimonial, pues el novio la entregaba a la novia como promesa de unión.
Esta dualidad —presente tanto en el acompañamiento de los muertos como en los matrimonios— evidencia la profundidad espiritual del tejido zenú.
Fiestas, música e identidad
La hamaca también está profundamente asociada a la identidad musical y festiva de San Jacinto.
El vallenato “La Hamaca Grande”, compuesto por Adolfo Pacheco en 1969 luego de la injusta derrota del acordeonista Andrés Landero en el Festival de la Leyenda Vallenata, se convirtió en un himno del municipio.
Pacheco utilizó la imagen de la hamaca grande como una metáfora de San Jacinto, para que el pueblo vallenato pudiera “mecerse” en ese símbolo cultural.
Su éxito reforzó que, para toda Colombia, San Jacinto es tierra de hamacas, fortaleciendo el orgullo de sus habitantes.

La hamaca de San Jacinto es mucho más que un objeto de descanso. Surgió de la antigua cultura zenú, que tejía hamacas finamente labradas para ofrendar a sus dioses . Las mujeres zenúes transmitieron su arte de generación en generación, y las artesanas de San Jacinto siguen preservando la técnica del telar vertical y el lampazo . La hamaca fue parte de ritos funerarios y simbolizaba el compromiso matrimonial . Con el tiempo incorporó influencias africanas y europeas, dando lugar a diseños como las hamacas de rayas y bordadas . A pesar de los obstáculos económicos y la violencia, la comunidad ha mantenido el oficio como su identidad y sustento . El reconocimiento patrimonial y los programas de apoyo han fortalecido este patrimonio vivo, recordando que cada hamaca cuenta historias de resistencia, memoria y creatividad.

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